lunes, 10 de abril de 2017

El Centro de la Herradura: Un Manifiesto (A)Político

(2:52) A veces me refiero al mítico lugar conocido como el Polo Izquierdo. Igual que estando en el Polo Norte todas las direcciones son hacia el Sur, el Polo Izquierdo es el punto a partir del cual todas las direcciones son la Derecha. Toda opinión que no cumpla con esta ortodoxia es calificada de derechista, incluyendo personas que, por ninguna contorsión de la imaginación, pudieran ser ideólogos de cualquier tipo, mucho menos de derecha... (Steven Pinker)
Siempre he sido un tanto raro y de posiciones minoritarias. He tenido una cierta conciencia política, por así llamarla, desde que recuerdo. En casa mi familia tenía montones de enciclopedias y libros, y pasaba los fines de semana y buena parte de mis vacaciones leyendo todo lo que pudiera, aunque muchas cosas no las entendiera. Aún así no me rendía, y eventualmente regresaba a ciertos textos a hacer un segundo, tercer o enésimo intento de comprender y asimilar. Uno de estos libros fue una versión abreviada de El Capital de Marx. Inicialmente no tenía mucha curiosidad en tratar de leerlo, pero recuerdo que, si se mencionaba en los medios o quizá en una clase de historia en la escuela, parecía haber cierto tono despectivo hacia él (estuve en un colegio muy pirruris que se suponía era muy diverso y liberal, pero en la práctica era de gente rica de visión centro-derecha). Siendo de por sí el misántropo contrariador que siempre he sido, decidí que, si la mayoría de la gente despreciaba o incomprendía a Marx, quizá era un tipo que me agradaría.

No llegué muy lejos con El Capital a pesar de muchos intentos, pero me bastó para motivarme y buscar otras maneras de compensar por ello.  Juntando piezas de otras fuentes como enciclopedias y libros de historia que sí podía leer, logré darme una idea de lo que se supone que estaba en los escritos de Marx. La lucha de clases y el materialismo dialéctico me parecían temas remotos, pero para un ateo en la secundaria "la religión es el opio del pueblo" era una frase irresistible y me empapé lo más que pude de ellos, al menos para lo que puede hacer un muchacho de secundaria o prepa. Algunos años más tarde sí logré leer El Capital (de nuevo, una versión abreviada) y algunos ensayos de Marx en colecciones y antologías, y hasta entendí algunas cosas.

Llegué a la adultez joven con puntos firmemente "de izquierda" que, en el nivel de educación superior privada, resultaron ser más comunes aún si no fueran dominantes (cabe señalar que la educación universitaria privada en Guadalajara está sumamente polarizada entre instituciones de extrema derecha religiosa como la UP y la UAG, y de izquierda blanda como el ITESO, donde yo estuve). Para entonces mi visión política ya era relativamente firme, e incluía prácticamente todo el "paquete completo" de la agenda que pudiera llamarse "de izquierda". Como (obviamente) los medios tradicionales estaban al servicio del poder, optaba por informarme en medios nuevos, que en aquel entonces eran Democracy Now, The Young Turks y los inicios de la cadena rusa RT. Para mí, la idea de un buen fin de semana, aparte de leer y quizá jugar basquet, era ver horas y horas de charlas y debates con Noam Chomsky, Tariq Ali y Alexander Cockburn, entre otros.

Y luego llegó el movimiento—si pudiera llamársele así—del Nuevo Ateísmo por ahí de 2007 o 2008. La otra gran constante de mi vida como persona "rara" en Guadalajara era mi completo desprecio a la religión, y en la época dorada de YouTube era natural que me encontrara con Christopher Hitchens, Sam Harris, Richard Dawkins y Daniel Dennett por todos lados, y eventualmente seguí sus trabajos más allá de la crítica de la religión y hacia la ciencia y la política. Y ahí empezó la fricción y la disonancia cognitiva en mi cabeza.

Recuerdo bien el momento: fue en una charla que dio Chomsky. Alguien le hizo una pregunta al final, acerca del Nuevo Ateísmo. Y la respuesta de Chomsky fue, por ponerlo francamente, completamente abismal:


(02:00) Creo que son fanáticos religiosos. Ellos [Hitchens y Harris] creen en la religión del estado, que es la más peligrosa. Ellos son defensores de la religión del estado, esto es, la religión de que hay que apoyar la violencia y las atrocidades de nuestro propio estado porque se está haciendo por maravillosas razones, que es lo que se hace en cualquier estado y eso es solo otra religión, la religión de que los mercados saben qué hacer. No es algo a lo que le uno le reza cada semana, pero es otra religión y es muy destructivo. 
Ahora veo tantas cosas tan equivocadas en esa declaración y otras parecidas que he escuchado de Chomsky, que me llevaría otro artículo completo explicar cada una. En fin, lo que sí sabía en ese momento era que decir que el ateísmo o el activismo laicista es solo otra religión es una declaración profundamente estúpida que no haría alguien que supiera inclusive lo más básico del tema, y acusar a Hitchens o Harris de tener al estado como su religión era ridículo. Entonces pensé que, si Chomsky estaba tan perdido en este tema, ¿en qué otras cosas estará también completamente perdido? ¿Qué decía eso del liderazgo intelectual de la Izquierda? ¿Si Harris y Dawkins se identificaban as sí mismos como liberales y progresistas, y Hitchens repudiaba todo lo que le sonara a conservadurismo, eso dónde dejaba a Chomsky y compañía?  ¿Y todo esto dónde me dejaba a mí, en la guerra ideológica entre lo que (yo pensaba) hubiera sido una alianza natural entre fuerzas progresistas y escépticas? Poco a poco busqué otras maneras de informarme, valoré la opinión de otros expertos cada vez más, y busqué puntos de vista que no fueran simplemente gritarle "neoliberal" a todos los que tuvieran opiniones contrarias a la ortodoxia del Polo Izquierdo. Cuando empezó la guerra de artículos directa entre Hitchens y Chomsky, y después del (fallido) diálogo entre Harris y Chomsky, ya me consideraba apartado del Polo Izquierdo, pero al menos todavía estaba en el mismo hemisferio.
Actualmente politicalcompass.org me ubica en el punto rojo, firmemente en el cuadrante de Izquierda Liberal junto a Bernie Sanders.
En la práctica, si hago un recuento de mis posiciones en diversos temas, yo pensaría que todavía estoy en ese Hemisferio Izquierdo, cerca del Polo (véase la imagen de arriba). Pero me encuentro con que la gente que se dice pertenecer a él tiene una serie de posiciones inconsistentes que me hacen dudar si ese lugar siquiera existe, a pesar de ser una analogía tan útil. Por ejemplo, una posición popular en círculos de izquierda es la oposición al imperialismo. Bien por ellos. Entonces, pensaría yo, estarán en contra de la ocupación militar de un país por parte de otro a través de varias décadas, ¿cierto? Pero no, no estoy hablando de Palestina. Estoy hablando de Chipre, que ha estado bajo ocupación militar por parte de Turquía desde 1974, con todo y atrocidades y asentamientos ilegales. Curiosamente, resulta que en el polo izquierdo ni siquiera pueden ubicar a Chipre en un mapa (dudo que puedan ubicar a Israel tampoco, ya que andamos en eso). Cuando uno les explica la situación ahí, se encogen de hombros y balbucean tarugadas posmodernistas contra el colonialismo, pero solo el colonialismo blanco. Quizá piensan que el imperio Otomano, que se extendió de Iraq hasta Marruecos, creció gracias a su sabrosa cocina.

También estoy opuesto a la intervención de países que quieren extraer los recursos naturales de otros por la fuerza, inclusive llegando a masacrar o desalojar a los habitantes, o instigando guerras civiles entre la población mientras extraen todo el petróleo que pueden. Naturalmente, estoy hablando de la intervención de China en Balochistán, región minera paquistaní de donde los pobladores han estado siendo expulsados por el ejército paquistaní comprado por Beijing, al mismo tiempo del pillaje militarizado del petróleo de Sudán por los mismos chinos. (¿No era precisamente lo que esperaba, lector del Polo Izquierdo?) De nuevo, ante esto los hippies pacifistas están en silencio en el mejor de los casos.

(Por cierto, en ambas de estas posturas me he encontrado con que la consistencia en el apoyo a los valores democráticos y el respeto por la evidencia me han llevado a tener posiciones completamente contrarias a las de los habitantes del Polo en cuanto a Israel y EU, pero creo que eso lo explicaré en otro(s) artículo(s). Basta con decir por ahora que para mí la consistencia y los hechos parecen ser mucho más importantes que para los habitantes de esas latitudes.)

Todavía me faltan dos o tres más por leer.

La lectura de Christopher Hitchens en particular me llevó a expandir mi idea de lo que pudiera ser una visión política consistente, a favor de valores democráticos y sin relativismo moral de ningún tipo. Hitchens ha sido criticado por supuestamente pasarse de la izquierda al bando de los neoconservadores, cuando realmente lo único que pasó fue que se mantuvo consistente en sus valores pluralistas y ellos no. Si uno se opone a las dictaduras, pues se opone a todas, no solamente las que son respaldadas por ciertos gobiernos y no por otros. No poder intervenir en todos los desastres humanitarios no significa que no se deba intervenir en ninguno, y la no-intervención siempre favorece a los represores. El uso de la fuerza tiene su lugar. Si no me creen, pregúntenle a los miles de musulmanes salvados por la intervención de la OTAN en Bosnia en 1995, o al millón de Tutsis masacrados a machetazos en un menos de un mes en Ruanda cuando nadie intervino apenas un año antes.

A propósito de este último punto también he notado que el Polo Izquierdo, tanto nacional como internacional, se ha unido con el Polo Derecho en su apoyo a regímenes autoritarios (Castro, Assad, Putin), siempre que se perciban como opuestos a occidente. (¿Cómo se sienten los habitantes de estos dos polos de estar luchando lado a lado?) Esto me lleva a la teoría política de la herradura, en la cuál la exrema izquierda y derecha tienen puntos de vista más cercanos que la izquierda y derecha tradicionales y sobre todo más apartados del centro. En vez de pensar en la política como un espectro lineal que va de izquierda a derecha pasando por el centro, este espectro se dobla y los extremos se encuentran:

El deseo de "derrocal al sistema", las teorías de conspiración, el antisemitismo, el apoyo a dictadores asesinos y la falta de cultura histórica y política en general une a hippies y neonazis. No estoy diciendo que unos sean moralmente equivalentes unos a los otros, pero en muchos temas sí creen y quieren casi lo mismo. Y si lograran sus objetivos, los hippies relativistas serían los primeros fusilados por los fascistas.

Ahora, no soy un centrista en el sentido de que vea a la posición de extrema izquierda, luego a la de derecha, y concluya que la respuesta por lo tanto debe estar en el punto medio. A veces los puntos de vista extremos son los correctos, y lo que es extremo y moderado cambia con el tiempo. Hace cien años era una posición extrema abogar por el voto para las mujeres, por ejemplo. Pero me rehuso a pensar en términos de paquetes ideológicos "todo incluido" donde posturas completamente independientes se amontonen en una sola visión, supuestamente coherente. Por ejemplo, si yo sé la posición de alguien en torno a los transgénicos, eso no me debería decir nada acerca de lo que piensan acerca de la intervención militar. Y sin embargo, consistentemente la gente que se opone a lo primero siempre se opone felizmente a lo segundo también. Dejando de lado si tienen razón o no, esto demuestra que la gente tiende a pensar en grupo, en vez de simplemente pensar.

El mundo es más complicado de lo que cabe en un solo paquete ideológico "todo incluido", ya sea socialismo, capitalismo laissez faire, fascismo, anarquismo o lo que sea. En la medida posible, trato de ver cada cuestión política o social en aislamiento y ver los argumentos a favor y en contra, y considerar la evidencia que respalda a cada uno. A veces hay conflictos con buenos y malos bien definidos, y a veces no. Marx tenía la razón en algunas cosas, y en otras no. A veces el libre mercado es la solución, y a veces no.  Por ejemplo, el socialismo, entendido como la toma del control de los medios de producción por el estado, nunca ha funcionado ni funcionará. (Si considera que tengo que poner una referencia para este hecho, usted realmente está perdido, estimado lector.) Por otro lado, los países que tienen sistemas de salud socializados (esto es, pagados con impuestos de todos con el gobierno como un ejecutor) tienen mejores resultados y a menor costo que los que tienen solamente el libre mercado de aseguradoras privadas (EUA, pues).
No estoy de acuerdo con todos en la izquierda o la derecha. Solo quiero ver un gobierno que promueva la igualdad y el avance científico.

Quizá tenga una ventaja en cuanto a que, por mi carácter misántropo esquizoide, el gusto que me da quedar bien con cualquier persona o grupo siempre es menor que el gusto que me da tener la razón, o al menos el gusto de buscar tenerla honestamente. Pero este no es el caso con otras personas, y la lealtad a la tribu, sea la que sea, parece siempre tomar precedencia sobre lo que debería ser lo más importante: la búsqueda de la verdad con tal de hacer lo correcto. Supongo que eso pudiera ser una especie de eslógan útil para describirme, aunque suena un tanto soberbio (de nuevo, no soy relativista, pero estoy bien consciente de cómo le sonaría a un relativista, y es lo primero que van a decir). Pensé en el término "realismo", pero ya está saturado en todas las áreas de conocimiento humano y de nuevo promueve la falsa impresión de que pretendo tener todas las respuestas, así que eso no mejora la situación. Así que lo mejor que se me ocurre es volver a la teoría de la herradura política y ubicarme en el centro, pero así:
Como dice el dicho: Si la política no te interesa, de todos modos tú le interesas a la política. Más vale entenderla como realmente es, y no como uno quisiera que fuera.

sábado, 4 de marzo de 2017

Autoridad y Escepticismo

por Daniel Dennett


Hay un culto de la ignorancia en Estados Unidos1, y siempre lo ha habido. La sepa de anti-intelectualismo ha sido un hilo constante envuelto a través de nuestra vida cultural y política, nutrida por la noción falsa de que democracia significa que 'mi ignorancia es tan buena como tu conocimiento'.

—Isaac Asimov

Cuando era niño, las conversaciones alrededor de la cena en nuestra casa eran especialmente vigorosas y apasionadas (esto lo aprendí cuando descubrí que debía ajustar mi disposición cuando era huésped en otros hogares). Cuando surgían puntos de desacuerdo empírico, esto desataba el único causal para ser disculpado de la mesa en medio de la cena: ir a buscar la respuesta en la World Book Encyclopedia.

Recuerdo con viveza muchas ocasiones el regresar triunfantemente a la mesa, con el corpulento volumen azul en mano, para citar mi vindicación, y ajustarme con la misma viveza a las otras ocasiones en las que concedí la derrota. Estaba equivocado, y así lo decía justo ahí en el World Book. La pregunta de qué tan seguido pudiera el mismo World Book estar equivocado rara vez surgía, pero era reconocida como posible.

¿A dónde voltearían los adultos de hoy para decidir desacuerdos similares? Uno de los efectos secundarios no deseados de la generalmente maravillosa democratización del conocimiento a la que ha dado pie la era del Internet es que estamos perdiendo el consenso acerca de qué consultar al momento de decidir una apuesta. Las fuentes de información que son mutuamente reconocidas como confiables—no perfectas, pero confiables—son atributos muy útiles para una sociedad. Si en el pasado hemos sido demasiado sumisos en la cara de autoridades epistémicas, ahora nos arriesgamos a caer demasiado en la otra dirección y convertirnos en escépticos reflexivos multipropósito. El escepticismo2 parejo frecuentemente se agria y resulta en cinismo3 y, mientras que un puñado de cínicos tolerados en una sociedad es probablemente sano, cuando el cinismo se convierte en una pandemia puede chupar el entusiasmo de la gente y amenazar la seguridad y coordinación que permiten que opere una sociedad libre. Lo que la gente tiende a olvidar es que el escepticismo de todo es demasiado fácil, una faena que deshabilita la confianza y hace más difícil la acción decisiva basada en información común.

Nosotros los escépticos jugamos el papel importante de vigilar el ambiente epistémico, desyerbando las falsedades y mitos, y exponiendo a los charlatanes y propagandistas, pero no podemos hacer eso efectivamente sin respaldar e ilustrar el contraste entre estos productos inferiores y tóxicos contra los métodos y (uso el término aconsejadamente) la autoridad de la investigación bien hecha. ¿Significa que el escéptico es algún tipo de autoritario? ¿Algún tipo de elitista? Sí. El buen tipo. La meritocracia tiene su lugar, y las mejores prácticas son (usualmente) identificadas como las mejores prácticas. No debemos ser intimidados por el coro de creyentes oh-qué-modernos (y postmodernos) hacia una democracia epistémica donde se denuncia la categoría de experto, reemplazando la diferencia entre aficionados y profesionales con un relativismo perezoso que rechaza tomar bandos.

¿Cómo deberíamos defender nuestra aceptación de autoridades cuando nos encontramos con los murmullos desaprobatorios—a veces aumentan a rugidos—de la vox populi? Cuidadosamente. Debemos caminar sobre la soga tendida entre la impaciencia apropiada para la celebración de la ignorancia por un lado, y la apertura mental por el otro, tal que las patrañas sean concedidas cierto "respeto" que en todo caso solo sea simbólico. Como cuando se califica con una curva, el respeto políticamente correcto para todos los puntos de vista amenaza el control de calidad en el pensamiento del que la sociedad moderna tanto depende, por ponerlo directamente. No todos los puntos de vista son igualmente "válidos". Una táctica efectiva es señalar que estos hiper-igualitarios no dejan sus cirugías en manos de aficionados, o profesionales novatos siquiera, y se llenan de indignación si se enteran que alguien ha cometido un error en el diseño de su auto o al aconsejarles cómo llenar su declaración de impuestos. No se conforman con nada menos que los expertos cuando se trata de asuntos de su salud, seguridad y comodidad. Deberían aplicar la misma consistencia para honrar la pericia en otros ámbitos también. Además, cuando encuentran los lapsos y pifias en la ciencia, invariablemente citan los controles de calidad de la ciencia misma, que es la institución más autocrítica que el mundo haya conocido. Eso debería ser suficiente (aunque rara vez lo es).

Traducción: Héctor Mata
Texto original aquí.

*   *   *

Notas HM:

  1. Me atrevo a decir que este culto a la ignorancia es generalizado y en México es aún mayor que en EU. La cita la escogí yo y no aparece en el artículo original de Dennett.
  2. El sentido en el que Dennett usa el término 'escepticismo' aquí es el de dudar por dudar, que en general no es el sentido en que la mayoría de los escépticos modernos lo usa, que es creer en proporción a la evidencia. Bajo esta última definición, los 'escépticos' de la vacunación, cambio climático, evolución o transgénicos son más bien negacionistas, pues hay una cantidad abrumadora de evidencia en contra de sus posiciones. Dennett conoce esta distinción bien, pero quizá aquí trató de apelar a un público más amplio, que en general entiende el escepticismo solo en la versión anticuada.
  3. No encuentro una traducción adecuada en una sola palabra para el inglés cynicism, que es un pesimismo y desconfianza generalizada acerca de la naturaleza humana. En español significa algo más bien como descaro o falta de vergüenza. Opté por dejarlo como estaba y poner esta nota al final.

jueves, 23 de febrero de 2017

Quizás tú me cargues a mí algún día

Cuando entro en el cuarto todo está oscuro y en silencio. Vacío mis bolsillos de llaves, audífonos y monedas, y dejo mi celular sobre el buró. Cuando termino mis ojos están casi completamente ajustados a la oscuridad y puedo discernir dos figuras acostadas en la cama, acurrucadas. Una de esas es tu mamá y la otra eres tú, Óscar, con dos y medio años de edad al momento que escribo esto. Me muevo lo más silenciosamente que puedo para no molestar a tu madre, me las ingenio para rodearte con mis brazos, jalo, y te arranco de ella. Usualmente dejas salir un gemido o un suspiro, pero no despiertas. Lentamente, te cargo a lo largo del pasillo hasta tu cuarto y te deposito en tu cama, pongo tu osito blanco en tus brazos, te cobijo, y salgo del cuarto sigilosamente. Por los últimos dos años, este ritual se ha repetido en muchas noches.
Y es un tipo de ritual, créeme. Cada vez que te dejo en la cama paso por los mismos pensamientos: que, aunque la paternidad ha sido muy difícil para mí, ya que mi tiempo ha sido, digamos, severamente reasignado a cosas que preferiría no hacer, atesoro esos pasos entre una recámara y la otra. Verás, alguna vez hace muchos años oí a mi propia mamá decir que los niños eran maravillosos, "pero solo cuando están chiquitos," y que uno debía disfrutarlos durante ese periodo. No recuerdo qué edad tenía en ese momento, pero creo que ya era adolescente. No entendí lo que dijo e inclusive lo encontré ridículo, pues me era obvio que los niños chiquitos eran insoportables. En general, ahora que tengo uno, creo que yo tenía razón. Lo siento. La paternidad no es para todos, y los misántropos esquizoides como yo somos menos miserables cuando estamos solos y, especialmente, lejos de niños pequeños. Pero cuando te llevo a lo largo de esa docena de pasos y te acuesto, siento que mi mamá tal vez no andaba tan perdida. Me digo a mí mismo que, quizá, sostener a esta criaturita en mis brazos no está tan mal.
Hay algunas veces a la semana que me tomas de la mano o me llamas a gritos, pero por cada una de ellas hay al menos un par de veces más en las que me alejas y llamas a tu madre, o a una de tus tías, o inclusive a tu abuela (mi propia madre, pues). No me siento mal, porque sé lo que se siente estar seguro con mamá, y nunca te responsabilizo de estos rechazos—¡después de todo, tienes dos años! Pero por las noches cuando te llevo a dormir, por el minuto que dura el procedimiento, te acurrucas contra mí y pareces contento de estar dormido en mis brazos. No hay otra sensación como esa en el mundo: un gentil recordatorio de que soy un proveedor para alguien o al menos soy un protector temporal de sueños. Cada noche que hago esto (como lo haré en unos minutos más) pienso "esto es lo que quiso decir mamá."
Como ya dije, hay algunas veces que me apartas y pides a alguien más, casi siempre tu mamá. Esta mañana, por ejemplo, despertaste llorando mientras nos preparábamos para salir de la casa y dejarte en casa de tu tía. Mamá estaba en la ducha y fui yo el que llegó a tu cuarto, pero me dijiste que me fuera. "¡Vete paya allá!" gritaste, "¡Noooooo!¡Vete allá, yo queyo mi mamá!". Traté de calmarte, pero te pusiste peor. Tu madre escuchó la conmoción, se apuró lo más que pudo y llegó a tu rescate.
A medida que crezcas te apartarás de más maneras, no solo de mí, sino de tu madre también. Esto es normal e inclusive sano. Todavía no estas a la edad en la que yo sea un superhéroe para ti, pero la alcanzarás y luego la dejarás atrás también. Lo sé porque yo ya pasé por eso con tu abuelo. Sobra decir que para cuando llegue ese momento ya no te estaré cargando para nada, ni nunca más. Se supone que crecer debe ser así, en cierto modo. La paternidad es la administración de tu apartamiento de tu madre y de mí, con la esperanza de que al final acabes bien.
Si todo sale bien, serás tú quien me cargue a mí al final, tal vez literalmente. No estaré aquí para siempre, y así es como debería ser. Para que los jóvenes alcancen la madurez, los viejos tienen que quitarse del camino en algún punto. Si tenemos éxito en esto de ser papás, tu madre y yo seremos separados de ti, de manera definitiva e independiente de lo que queramos, antes de que tú seas separado de nosotros. Es en esos momentos, cuando tú me cargues y me acuestes a mí, que espero que haber sido mi hijo no haya estado tan mal después de todo.



(Versión en inglés original aquí)

viernes, 27 de enero de 2017

Ciencia y Religión: Irreconciliables


Hace unos días tuve la fortuna de dar una plática sobre la (in)compatibilidad de la ciencia y la religión en el Instituto de Astronomía y Meteorología (IAM) de la Universidad de Guadalajara. Dentro de una alineación de científicos y divulgadores de distintas disciplinas invitados para los Viernes de Ciencia, yo fui el primer expositor del año y elegí el tema más provocativo, aunque a mí me parece relativamente sencillo. Decidí que, si presentaba algo más moderado y nunca me volvieran a invitar, habría desperdiciado la oportunidad de hablar de algo más impactante y, creo yo, más importante. Entonces, cuando el organizador de las pláticas me invitó, decidí desquitar la ocasión lo mejor que pude.

Lo siguiente es una versión escrita de mi exposición, básicamente transcrita diapositiva por diapositva. Procuré utilizar una referencia para cada dato que presenté, y un artículo en internet se presta más para compartir estos datos de manera más práctica que escribirlos en letras chiquitas que la gente debe leer en el proyector. Además, tengo la ventaja al escribir de que puedo pensar mejor lo que voy a decir y no tropezarme con mis propias palabras. Si prefieren una versión en video/audio de la charla, al final de este texto la encontrarán también.

Antes de empezar, siento que debo aprovechar para hacer algunos comentarios post-mortem sobre la plática. Primero, los organizadores (en particular el Dr. Alejandro Márquez Lugo) merecen reconocimiento por dar difusión al ciclo de pláticas como no había visto antes en los Viernes de Ciencia. De hecho, la combinación de este esfuerzo junto con el atractivo del tema provocó que, lamentablemente, mucha gente no alcanzara lugar en el auditorio y se quedaran afuera o se fueran (este texto es en parte una forma de compensación por ello). Segundo, el público fue sumamente receptivo y, por un sondeo que hice al principio, estaba muy dividido entre creyentes y no creyentes, así como compatibilistas y no compatibilistas. Dije cosas que estoy seguro muchos nunca habían oído decir antes, o al menos no en voz alta frente a un público dividido. Aún con la polarización, el ambiente fue relajado y cordial, y algunos hasta se rieron de mis malos chistes. La (breve) sesión de preguntas también fue completamente civil, lo que habla bien de la calidad discursiva de los asistentes. Finalmente, aunque no tengo ilusiones de haber persuadido a muchos asistentes, quedo tranquilo de al menos no haber hecho daño a la causa. Comencemos:

La dificultad inherente de la ciencia

Introducción


Para empezar, quisiera dejar en claro a qué me voy a referir por ciencia y religión en lo que sigue. Para propósitos prácticos y de neutralidad, adopté las siguientes definiciones del diccionario de la RAE:
  • Ciencia: Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente.
  • Religión: Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.
  • Compatibilidad: Dicho de una persona o de una cosa: Que puede estar, funcionar o coexistir sin impedimento con otra.
Inmediatamente saltan a la vista las zonas de conflicto: el razonamiento contra el dogma; lo comprobable con lo divino; la coexistencia y los impedimentos. Basándome solamente en las definiciones, yo diría que los argumentos a favor de la compatiblidad entre ciencia y religión tienen una barrera muy alta que superar: esta barrera es lo obvio.

Antes de presentar los argumentos que intentan superar esta barrera (y refutarlos), quisiera hacer un breve recuento de ejemplos representativos de ciencia y religión en oposición directa:
Giordano Bruno
  • Giordano Bruno: Abogó por un copernicanismo más general proponiendo que las estrellas eran soles distantes que pudieran tener sus propios mundos, y que si el universo fuera infinito no tendría sentido hablar de que tuviera un centro.  Hoy cada una de esas ideas es científicamente trivial, pero él murió quemado en la hoguera por decirlas y rechazar retractarse.
  • Galileo Galilei: Quizá el ejemplo más famoso, continuó la expansión del modelo de Copérnico pero agregando también, crucialmente, la observación de los astros. A diferencia del énfasis que había antes en tratar de describir la realidad a priori mediante la reflexión y la teología, Galileo se tomó la molestia de voltear a ver la realidad en vez de solo pensar sobre ella. En respuesta, fue condenado a arresto domiciliario por la misma iglesia que quemó antes a Bruno.
  • Charles Darwin/Evolución: el núcleo de la biología es la idea más corrosiva que ha habido para las religiones, pues demuestra cómo las especies descienden de un ancestro común y explica los mecanismos para ello en términos completamente naturales. Antes de Darwin, inclusive los ateos más convencidos dudaban al ser cuestionados sobre el origen del (aparente) diseño de las especies. Desde entonces, las alternativas sobrenaturales se han quedado mordiendo el polvo con cada fósil y cada secuencia de ADN secuenciada.
  • Mormonismo: de tantos ejemplos de ideas absurdas propuestas por religiones y directamente contradecidas por la ciencia, creo que este es el más sobresaliente. Los pueblos indígenas de las Américas cruzaron por el estrecho de Bering, resultando en la ya comprobada descendencia asiática de los indígenas americanos. Esto no lo supo el charlatán Joseph Smith cuando formó su propia religión a mediados del siglo XIX y se le hizo fácil proclamar que se le había revelado que los indígenas eran descendientes de una tribu perdida de Israel. A partir de ahí, la idiotez del mormonismo solamente aumenta.
    Cristo visitando a los Mayas (clic para agrandar).
  • Agregado a esto están muchos conocidos debates sociales donde los expertos y los creyentes chocan: matrimonio igualitario, aborto, eutanasia, terapias de fertilización, anticonceptivos, etcétera.


El Contexto de Nuestro Punto de Partida


¿Por qué es que constantemente debemos tener este debate entre ciencia y religión si no hay conflicto? ¿Existe algún debate acerca de la compatibilidad de la religión y, digamos, el deporte o la contaduría? ¿Qué está pasando en las siguientes estadísticas, si no hay ningún problema?

Creencia en Dios (Estados Unidos)
EUA Público Científicos Cient. Élite NAS
Creyentes 83% 33% 23% 7%
Ateos 4% 41% 62% 93%

O en México, cuando el INEGI le pidió su respuesta a la gente a las siguientes declaraciones:

Confiamos demasiado en la fe y muy poco en la ciencia.
Muy de acuerdo De acuerdo En desacuerdo Muy en desacuerdo No sabe
13.0% 59.6% 24.2% 1.3% 1.9%

Y acerca de la evolución:

Todo ser vivo, incluyendo al ser humano, ha evolucionado mediante un proceso de selección natural
23.12%
Todas las especies de seres vivos fueron creadas por un ser supremo33.88%
Ambas son válidas38.86%
Ninguna es válida0.02%
No sabe0.02%
(Ambas tablas vienen de aquí: Encuesta Nacional Sobre Percepción de Ciencia y Tecnología 2011)

En la primer tabla, podemos ver cómo el grado de religiosidad disminuye drásticamente entre los científicos comparado con la población en general en Estados Unidos. ¡En la Academia Nacional de Ciencias (NAS) la proporción de creyentes a no creyentes es prácticamente la inversa de lo que es a nivel general! No conozco estudios como este hechos para científicos en México, pero me imagino un efecto similar. En cuanto a lo que sí pude encontrar en el INEGI, los mexicanos parecen estar divididos en su parecer acerca de la importancia de la ciencia comparada con la fe. Sin embargo, hay un porcentaje importante de personas (72.6%) que concuerdan con que hay que hacer más caso a la ciencia pero, cuando se trata de la ciencia más establecida (como la evolución) la gente que la acepta tal como es baja hasta 23.12%.

Simplemente por las definiciones de ciencia y religión en conjunto con las estadísticas mencionadas arriba, los argumentos a favor de la compatibilidad ya tienen un trabajo difícil. Deben demostrar que los casos paradigmáticos de conflicto que presento en realidad no lo son, o que son excepciones a una realidad más grande que ellos. A continuación presento cuatro argumentos típicos para tratar de reconciliar la ciencia y la religión, así como las fallas en cada uno de ellos.

Argumento #1: Científicos religiosos


Por mucho, este es el argumento más usado para reconciliar fe y ciencia. También es el más perezoso de todos y el más fácil de refutar. Ocurre en alguna forma equivalente a lo siguiente:
La existencia de científicos religiosos demuestra que la ciencia es compatible con la religión.
Francis Collins
Yo mismo puedo dar docenas de ejemplos de científicos, actuales y del pasado, que se encuentran dentro del espectro que pudiéramos llamar creyentes. Dos ejemplos contemporáneos son Francis Collins e Ian Hutchinson. El primero fue director del Instituto Nacional de Salud (NIH en inglés) en Estados Unidos, y antes de eso dirigió el proyecto para secuenciar el genoma humano completo, terminando antes de tiempo y con presupuesto de sobra. El segundo es un físico nuclear, autor y profesor en el Massachussetts Institute of Technology (MIT). Ambos son científicos altamente competentes y, en este caso, cristianos evangélicos.

¿Por qué es este un argumento tan malo? En primer lugar, que ideas o maneras de actuar distintas existan en una sola persona no es señal de la compatibilidad de las mismas, sino de la capacidad de las personas de tener un pensar y actuar seccionado y/o inconsistente. Hay doctores que fuman y profesores de educación física que están obesos por la misma razón. La coexistencia de ideas antagónicas en una persona indica la capacidad de la gente de ser inconsistente, no que las ideas realmente sean compatibles.

Un punto adicional en este argumento que quisiera mencionar es que muchas veces los científicos supuestamente creyentes se adhieren a una visión radicalmente distinta a la de la mayoría de los religiosos. Einstein, por ejemplo, es continuamente citado como un científico creyente, a pesar de haber definido su 'religión' como una sensación de asombro ante el orden y majestuosidad de la naturaleza, a veces conocido como 'panteísmo científico'. En unas ocasiones se distanció del ateísmo, mientras que en otras se definió claramente como ateo o agnóstico. En fin, usarlo como ejemplo de un científico creyente es dudoso en cualquier caso. Dejo el siguiente fragmento de una de sus cartas, respondiendo a un chisme de que un sacerdote jesuita lo había convertido al catolicismo:
Nunca he hablado con un sacerdote jesuita y estoy asombrado por la audacia de decir tales mentiras sobre mí. Para lo que entiende un sacerdote jesuita soy, y siempre he sido, por supuesto, ateo.

Brian, Denis (1996). Einstein: A Life. New York: J. Wiley, p. 344. Einstein's Letter of 2 July 1945
Albert Einstein

Argumento #2: NOMA


Un argumento que hace un poco más de esfuerzo que el anterior y que es el favorito de gente más sofisticada es el NOMA, propuesto por Stephen Jay Gould. Curiosamente, Gould era un biólogo marxista y agnóstico militante, pero en su libro Rocks of Ages (1999) le dio un aire formal a la idea de que la ciencia y la religión son Non-Overlapping Magisteria, o Magisterios que no se Empalman (y que por lo tanto pueden coexistir):

Stephen Jay Gould
La ciencia y la religión son magisterios que no se empalman. Mientras que la ciencia trata con el mundo físico, la religión trata con lo sobrenatural y lo moral.
Una versión alternativa de este argumento es la acusación de cientificismo, que es la idea de que la ciencia tiene límites y no debe salirse de ellos:
La ciencia no puede investigar lo sobrenatural. La ciencia tiene sus límites y si se pasa eso es cientificismo.
Lamentablemente, Gould, que fue él mismo un gran comunicador de la ciencia y en especial de la evolución, murió relativamente joven en 2002; hubiera sido fascinante ver cómo hubiera reaccionado a lo que hoy se dice de su NOMA, a saber:

Las religiones tácitamente no creen en NOMA, pues hacen declaraciones acerca del mundo real y no solamente acerca de metáforas sobrenaturales (recuérdese el ejemplo del mormonismo para un ejemplo claro). Aún si la ciencia tuviera los límites que Gould implica que tiene, la religión es la que continuamente los rebasa para hacer declaraciones acerca del aquí y ahora (yo agregaría que la mayoría de las religiones corrompen la ética y la moral también, pero ese es otro artículo).

Además, las acusaciones de cientificismo son vacías cuando se considera la reacción que tendrían las religiones si, digamos, algún descubrimiento científico confirmara alguno de sus milagros o dogmas. ¿Se imaginan a un clérigo diciéndo "A ver tú, científico, vete para allá, no andes demostrando nuestra religión con tus métodos, eso es cientificismo."? En palabras del filósofo Daniel Dennett, cientificismo es solamente un insulto para la ciencia que no te gusta.

Gould, además, convenientemente definió a la religión como lo que no es ciencia (no como las definiciones de arriba) y pues entonces NOMA es cierto por tautología. ¿Cómo reaccionaría un creyente si Gould le dijera que su religión no trata con el mundo real?

*   *   *

Quisiera abundar en esta visión de que la ciencia no puede poner a prueba a la religión por un momento, porque está profundamente equivocada. Si la religión hace declaraciones acerca de fenómenos que ocurren en el mundo real, pues podríamos detectarlos. Si no fuera así, ¿cómo distinguir entre las cosas que existen pero no se manifiestan, y las cosas que simplemente no existen? Cuando las religiones afirman que hay fuerzas sobrenaturales en acción, implícitamente están diciendo que nuestra física está incompleta, pues supuestamente estas fuerzas actúan en el mundo físico. Pero nunca nos dicen cómo, ni pueden apuntar a las fallas en nuestras ciencias (las fallas están ahí, claro, pero no tienen nada que ver con lo sobrenatural; más sobre esto abajo).

Consideremos el ejemplo de la oración como una manera eficaz de afectar el mundo, supuestamente para bien. En 2006, un equipo de investigadores de Harvard le tomó la palabra a los creyentes y llevó a cabo el Estudio de los Efectos Terapéuticos de la Oración Intercesional, en el que hicieron lo siguiente: siguieron la evolución de pacientes de cirugía de bypass coronario en tres grupos distintos de 600 pacientes cada uno, y asignaron voluntarios para que pidieran por la salud de pacientes de dos de los grupos durante 14 días, dejando solamente un grupo sin oración. De los dos grupos que sí recibieron oraciones, solamente a un grupo se le notificó de esto. Los pacientes fueron monitoreados por 30 días para detectar complicaciones y/o muertes de los pacientes y no hubo diferencia alguna entre los tres grupos —¡salvo una leve tendencia a la baja en los pacientes del grupo que sabía que estaban rezando por ellos! Los investigadores mencionan que, posiblemente, los pacientes que no se mejoran pronto o muestran complicaciones se sienten desmotivados al pensar que dios es justo y quizá no merecen mejorar, a pesar de las oraciones a su favor.  La referencia para este estudio es:

Benson, H. et al., 2006. “Study of the Therapeutic Effects of Intercessory Prayer (STEP) in cardiac bypass patients: A multicenter randomized trial of uncertainty and certainty of receiving intercessory prayer ”, American Heart Journal, 151:934-42. PDF aquí.

Lo que no se puede detectar y lo que no existe se parecen mucho.

*   *   *


Otro ejemplo provechoso de la religión invadiendo el territorio de la ciencia (entiéndase, la realidad) es el de Adán y Eva. Sí, sé que se ha hablado de este tema muchas veces, pero a mi juicio no se le ha sacado el provecho que se podría. Usualmente el debate termina cuando se menciona la evolución, el decenso de todas las especies a partir de un ancestro común, la población mínima de 12,000 humanos hace unos 100,000 años y la relegación de Adán y Eva al mundo meramente simbólico, lo que muchos creyentes (¡ojo que no todos!) son felices de conceder. Pero esto presenta más dificultades de las que inclusive los creyentes más moderados y conciliadores están dispuestos a admitir. Por ejemplo, aún sabiendo todo la anterior, la postura oficial de la Iglesia Católica es que Adán y Eva fueron gente real de algún modo u otro, a pesar de que supuestamente también acepta la evolución (muchos cristianos protestantes también insisten en Adán y Eva, así como casi todos los musulmanes).  Algunas preguntas incómodas que se se me ocurre hacerle a estas personas son:

En el caso de que no hubiera otros humanos, ¿con quiénes se casaron los hijos de Adán y Eva (Caín, Abel y Set todos eran varones)? Si había otros humanos y Adán y Eva fueron especiales o representativos, ¿con qué criterio se les seleccionó a ellos y no a otros, o a todos? Si Adán y Eva descendieron de especies anteriores, ¿el pecado evolucionó junto con ellos? Si es asi, ¿hay una base genética para el pecado? Si no, ¿Dios lo puso ahí a propósito en algún momento con magia, para complicar las cosas? ¿El libre albedrío con el que supuestamente pecaron evolucionó, y presumiblemente otros animales lo poseen también? ¿Los neandertales también pecaban? ¿Cómo se distribuyó el pecado en la población después de que apareció, si no estaba antes y no es genético? ¿Adán y Eva son metáfora? ¿Entonces Cristo murió por una metáfora? ¿Cristo es metáfora también? ¿Cuál es el criterio para decir qué es metáfora y qué no? Si ya tengo el criterio, ¿para qué quiero la metáfora? ¿Y una metáfora representando qué? ¿Cómo distingo una metáfora de algo meramente inventado sin pensar muy bien, o de inventado de forma puramente mitológica desde el principio?

Argumento #3: ¿Relativismo al rescate?


Los argumentos anteriores cubren la mayor parte de los intentos de reconciliar la ciencia y la religión, pero algunas veces los creyentes recurren a tácticas más desesperadas, como simplemente afirmar alguna versión de relativismo como la siguiente:
La ciencia y la religión llegan a distintos tipos de conocimiento de distintas maneras.
A pesar de que no es el argumento más usado, es el que revela dónde está el problema para empezar: no poder distinguir entre conocimiento y superstición. Creo que esta parte del ensayo es la más nutritiva y tiene aplicaciones mucho más allá del tema inmediato.

Conocimiento, para 99.99% de las discusiones que se pudieran tener al respecto, es algo equivalente a creencia justificada y cierta (el 0.01% restante se refiere a los casos de Gettier, pero eso es todo otro artículo y no nos concierne aquí). Uno pudiera preguntarse si hay mejores y peores maneras de llegar al conocimiento. Por ejemplo, si quisiera saber qué hora es, pudiera: 1) ver mi reloj, 2) aplicar trigonometría a las sombras proyectadas por el Sol para deducir la hora 3) lanzar dados, 4) divinar cartas, 5) preguntarle a mi mascota, 5) [ya entendieron el punto].

La ciencia busca el conocimiento a base de un método lógico-deductivo anclado a la evidencia. Procede por la eliminación de ideas que no describen correctamente a la realidad, acumula datos y mejora las explicaciones de esos datos que sí funcionan y luego busca aún más. La religión, por contraste, utiliza la fe. Yo definiría la fe como creer a pesar de lo que indica la razón pero, para no ser acusado de inventar definiciones a mi conveniencia, las tomaré de otro lado:
1. Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. (Hebreos 11:1)
2. Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron. (Juan 20:29)
(El énfasis arriba es mío. Para una discusión muy extensa de la fe, véase aquí.) Para terminar pronto, la parte justificada del conocimiento, y que es en la que pone más énfasis la ciencia, está directamente contrapuesta a la parte de no ver en la fe. Es por esto que la fe actúa como una epistemología corrupta, es decir, una teoría del conocimiento fallida.

La fe no es un camino confiable para llegar al conocimiento, pues lo que un creyente afirma en base de la fe puede ser refutado por otro de la misma manera. Como ejemplo, pueden considerar la creencia musulmana de que Mahoma fue el último profeta (murió en 632) con la creencia mormona de que Joseph Smith fue un profeta también (nació en 1805). Estas dos declaraciones no pueden ser ciertas al mismo tiempo y cualquiera lo puede lo ver. Si ambas son sustanciadas en base a la fe (¿y cómo pudieran serlo si no?) no hay manera de decidir quién tiene razón. La fe no es confiable.

Peter Boghossian
En palabras del filósofo Peter Boghossian, tener fe es hacer de cuenta que sabes cosas que no sabes. Eso es deshonesto y, por lo tanto, no es una virtud. Si tienen duda de que los creyentes usan la fe como una forma de conocimiento, consideren sustituir otros significados de la palabra en una proclamación religiosa, como lo siguiente:

Nos gusta pensar que Dios existe. Si todo sale bien, habrá mandado a su Hijo a morir por nuestros pecados. Ojalá algún día esto resulte para nosotros, si entendimos bien, en la vida eterna.

No es lo mismo, ¿verdad? Es decir, cuando alguien dice que tiene fe en algo, está diciendo que se conduce como si supiera que es cierto. El punto es que, como la fe deliberadamente omite la justificación (y ciertamente omite la parte de comprobar que sea cierto lo que se cree) conduce a creencias erróneas que no son conocimiento.

Argumento #4: La Ciencia como otra religión

Todos tienen fe en algo, incluso los científicos. La ciencia es solo otra religión.
Para cuando se usa este argumento usualmente el compatibilista ya ha admitido su derrota, pero vale la pena discutirlo también para ilustrar algunas peculiaridades del pensamiento supersticioso. Primero, se comete la falacia tu quoque, en la que básicamente se concede el argumento pero cambiando de tema, específicamente, a acusar a quien lo hace de ser hipócrita. En este caso, la religión (implícitamente) admite que sus métodos son espurios, pero culpa a la ciencia de hacer lo mismo (¿no que la fe era una virtud?). Basta con ver las definiciones al principio de este ensayo, así como la discusión de la fe arriba, para ver que esta es una acusación ridícula.

La ciencia admite incertidumbre como parte de su método, pero eso es muy distinto a decir que todas las respuestas a una pregunta dada se admitan por igual, por más absurdas que sean. No hay "distintas maneras" de saber: solamente hay saber y no saber. 

"[Entonces ocurre un milagro...]"
"Creo que debes ser más explícito aquí en el paso dos."
Cuando los científicos hacen ciencia, proceden como ateos aunque no lo sean. En la ciencia la fe es algo a evitar, precisamente porque se busca una justificación rigurosa para todo (y de preferencia que pueda comprobarse mediante un experimento). El éxito de la ciencia para entender el mundo se debe explícitamente a que no pretende saber cosas que no sabe y permite la corrección de errores.

La Ciencia Contraataca: Dios es una Mala Teoría


En la ciencia se busca crear explicaciones del mundo a partir de razonamiento y datos empíricos para, si todo sale bien, formular una teoría. En la ciencia, una teoría es una explicación de uno o varios fenómenos naturales, está bien sustanciada, verificada y es consistente consigo misma. No se usa la palabra como sinónimo de una mera especulación, sino como una abreviatura de "las ideas detrás de lo que se observa." Como ejemplo de este uso en otro dominio distinto al de la ciencia, considere el hecho de que los alumnos de música en un conservatorio llevan materias "teóricas" como solfeo, análisis de formas, armonía y contrapunto. ¿Significa esto que la música es una mera especulación? No, obviamente. Significa que hay maneras de abstraer la música y analizarla con papel, lápiz y cerebro. A eso es a lo que se refieren los nombres como Teoría del Big Bang, Teoría de la Evolución, Teoría Electromagnética, Teoría de la Relatividad y tantos otros más (¡como Teoría de la Música!).

Bien, pues la religión es—por mucho—una mala teoría en todos los sentidos. Pretende ser una explicación del mundo, pero no está bien definida, ni es autoconsistente, ni tiene métodos de control de calidad, ni tampoco tiene manera de demostrar que posee o genera conocimiento que no se tendría de no ser por ella. Como ejemplo de este fracaso de la religión como teoría, quisiera usar otro ejemplo conocido que creo que no ha sido tan bien aprovechado como debería.


Dependiendo de la religión, el concepto de la omnipotencia de Dios es más o menos prominente (algunas religiones politeístas no lo usan prácticamente para nada, pero en el monoteísmo es una parte central). De nuevo de acuerdo a la RAE, la omnipotencia es el atributo exclusivo de Dios de poder hacer cualquier cosa. Si dejamos la omnipotencia definida solamente hasta ahí, podemos hacer todo tipo de sabotajes lógicos para demostrar su incoherencia:

¿Puede Dios hacer un burrito tan caliente que ni siquiera Él se lo pueda comer?

Si la respuesta es sí, Dios no es omnipotente porque no se puede comer el burrito; si no, entonces no es omnipotente porque no puede hacerlo. De cualquier manera, al menos en una primera aproximación, la omnipotencia como concepto nace muerta. Ahora, este es un juego retórico que ateos y teólogos han estado jugando desde hace mucho, y estos últimos han concordado una respuesta estándar, que usualmente se presenta así:
Tu falta de sofisticación es evidente. Dios tiene más atributos además de la omnipotencia, como la perfección, la lógica y el orden [citation needed]. No está en la naturaleza de Dios hacer cosas absurdas o ilógicas, como círculos cuadrados, subir para abajo, o tus tontos burritos.
Haciendo a un lado el ataque ad hominem que siempre va acompañado de esta respuesta (créanme, llevo mucho tiempo en esto) podemos tomarle la palabra a los teólogos y hacer aún más observaciones incómodas. Por ejemplo:

"Eso es un buen punto."
Si Dios no hace cosas ilógicas, entonces no hace milagros, pues ¿qué es un milagro sino una suspensión de la lógica? Si no hace círculos cuadrados, ¿cómo va a embarazar vírgenes o resucitar muertos? No es muy omnipotente un dios que siempre se queda dentro de lo que le marca la lógica. Eso hasta lo puedo hacer yo. Y la diversión apenas comienza: por ejemplo, ¿puede Dios dejar de ser omnipotente?

Después de esto, usualmente los teólogos regresan a las acusaciones y a cambiar de tema.

El punto es que los teólogos no pueden hacer demostraciones de su conocimiento porque no lo tienen, es decir, no saben más que los creyentes comunes. La teología se esconde tras una falsa sofisticación y una erudición espuria que no está basada en nada concreto. Claro, usan una redacción complicada (entiéndase oscurantista) y algunas palabras en latín o griego pero, cuando analizas sus argumentos con un diccionario y mucha paciencia, su "conocimiento" se evapora por completo. Ojo: los teólogos sí saben algunas cosas, como idiomas, historia (la que les conviene), filosofía (ídem), y hasta ciencia (también a conveniencia) ...el problema es que no saben de teología. En palabras del ex-ministro evangélico Dan Barker, los teólgos no estudian a Dios, sino que solamente estudian lo que otros teólogos han dicho acerca de Dios.

La teología está desnuda.

Razonar vs. Racionalizar



El método que usa la teología para llegar a su 'conocimiento' es, sin excepciones, la racionalización. En contraste con el razonamiento, que es el uso apropiado de la lógica para deducir conclusiones correctas a partir de premisas sólidas, la racionalización es la acción de comprometerse a una conclusión y defenderla a toda costa usando los argumentos a conveniencia. ¡Ojo que no tiene nada que ver con la inteligencia! De hecho, la gente más inteligente es la más hábil para racionalizar, porque se le ocurren más cosas para usar como pretextos lógicos. (Aunque aquí puse enlaces a Wikipedia, mi fuente favorita para todo que ver con lógica es el libro de Copi & Cohen, Introducción a la Lógica, que por obvias razones no voy a escanear para poner aquí.)

Todos somos suceptibles a la racionalización porque es cómoda y, para muchos efectos prácticos, funciona. El caso es que hay cuestiones en las que realmente deberíamos detenernos a pensar con más deliberación y rigor. La ciencia se protege de la racionalización mediante la revisión por pares, la comprobación de lo deducido con experimentos, críticas constantes por parte de colegas y competidores, y la promesa de hacerse famoso si se demuestra que los demás están equivocados. 

La religión no tiene esos métodos de protección. Cuando un cambio ocurre, es porque la religión reacciona a su entorno y frecuentemente resulta en la ramificación, porque no hay manera de resolver disputas que no tratan acerca del mundo real. En este sentido la religión cambia, pero no progresa.

Conclusiones


Mientras que es posible creer en la ciencia y la religión por igual como lo hace mucha gente, eso no dice nada de la compatibilidad de ambas. Más bien, es reflejo de la alta capacidad de las personas para racionalizar y escoger a conveniencia los argumentos que las hacen sentir más cómodas al navegar por el mundo. Pero la ciencia y la religión en sí no son reconciliables porque usan distintos métodos, llegan a distintas conclusiones, y son mutuamente exclusivas en ambos. No tiene por qué haber ningún tipo de diálogo constructivo entre ciencia y religión; más bien, como dice el biólogo Jerry Coyne, lo que se necesita es un monólogo destructivo, en el que la ciencia hable y la religión escuche y aprenda. La ciencia no es compatible con la religión porque el conocimiento no es compatible con la superstición.

Algunos lemas o mantras útiles para recordar:
  • Coexistencia no es lo mismo que Compatibilidad
  • Incertidumbre no es lo mismo que Relativismo
  • Tener fe es conducirte como si supieras cosas que no sabes
  • No hay distintas formas de saber, tan solo hay saber y no saber



Nota importante: no he dicho en ningún lado que la ciencia, entendida ingenuamente como Física, Química y Biología, más sus disciplinas derivadas, tenga un monopolio sobre el conocimiento. Estoy perfectamente contento de conceder que los historiadores, por ejemplo, poseen y generan conocimiento. Y es que ellos (al menos los buenos) usan métodos lógico-deductivos anclados a la evidencia, en un procedimiento general que se asemeja mucho a la ciencia. Por otro lado, la superstición abarca otras disciplinas aparte de la religión también, como el postmodernismo, la medicina alternativa y varias ideologías políticas, pero esos son artículos para otra ocasión.

Más Recursos


Libros :

Mis ejemplares de algunos de los libros mencionados.
Charlas y debates:

  • Sean Carroll (físico) vs. William Lane Craig (teólogo) debatiendo si la cosmología indica que Dios existe. Si se les hace que está parejo, les falta mucho por estudiar, porque es una masacre a favor de Carroll (> 2 hrs):
  • Tim Maudlin comentando sobre el debate anterior. Elocuente, claro y fulminante (1 hr):

  • Peter Boghossian sobre la fe y las mejores maneras de llegar al conocimiento (>1hr, incluye preguntas al final):

Sitios Web:
...y mi charla (¡debo hacer más ejercicio!):


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Encarando Hechos Desagradables

Me he encontrado cada vez más y más con el desprecio de la supuesta 'izquierda' dirigida a las instituciones, a la cultura, a la ciencia y, sobre todo, a todo lo que se le pudiera concebir como 'imperialismo' o 'colonialismo'. También me he encontrado con que esta misma gente se despedaza entre sí, formando tribus irreconciliables basadas en alguna pureza ideológica indefinible y así asegurando su derrota (véanse los partidos de izquierda de cualquier país, especialmente México). Todo les parece mal, pero rara vez proponen hacer algo medianamente viable o provechoso. Constantemente regresan a ideas ya desacreditadas hace décadas y, para colmo, añoran tiempos de antaño cuando los dictadores 'buenos' como Castro o Chávez ponían orden o, al menos, retaban al susodicho 'neoliberalismo'—un término despectivo que no significa nada, pero aplica a toda la política que a la izquierda no le gusta.

Lo más frustrante de la situación es que en muchas cosas tienen razón, pero renuncian a los buenos argumentos que pudieran usar e inclusive dan la espalada a las vías que ya se sabe que funcionan y los pensadores que sí tienen o tenían razón, o que al menos proponen hacer algo (en México, contrasten a John Ackerman con Denisse Dresser para un ejemplo de la crítica inane a todo y la crítica que al menos propone algo). Eso es lo que resulta del relativismo: no se puede seguir un curso de acción porque es el mejor, sino simplemente porque a uno le gusta o por lealtad a la tribu, y cualquier intento de argumentación es inútil porque todo es relativo. Todo es propaganda, no hay democracias verdaderas, no hay periodismo confiable, no hay buenos ni malos, todos están financiados por supervillanos invisibles, todos los bandos en una guerra son moralmente equivalentes (bueno, los 'neoliberales' son peores, de algún modo) y es lo mejor quejarse mucho pero sin comprometerse a nada. Y lo peor de todo es que la derecha ha aprendido la lección y ha adoptado las mismas tácticas, resultando en el llamado momento de la post-verdad.

Y es en este contexto que me encuentro con un pasaje como este, escrito hace 75 años:
Sé que es la moda decir que la mayor parte de la historia es mentira de todos modos. Estoy dispuesto a creer que la historia es en su mayor parte inexacta y sesgada, pero lo que es peculiar a nuestro tiempo es el abandono de la idea de que la historia pudiera ser escrita con veracidad. En el pasado la gente mentía deliberadamente, o matizaba inconscientemente lo que escribía, o batallaban tras la verdad, bien sabiendo que debería haber errores; pero en cada caso creían que 'los hechos' existían y de algún modo se podían descubrir. Y en la práctica siempre había un cuerpo considerable de datos que serían reconocidos por casi todos.
El texto es del ensayo Looking Back on the Spanish Civil War de Eric Blair o, como todos lo conocemos, George Orwell (Recordando la Guerra Civil Española; la traducción desde el inglés es mía). En England Your England, Orwell hace el siguiente comentario sobre sus camaradas de izquierda:

La mentalidad de la inteligentsia inglesa puede ser estudiada en media docena de publicaciones semanales y mensuales. Lo que apantalla a uno inmediatamente es su actitud genéricamente confrontacional y negativa, y su falta total en todo momento de una sugerencia constructiva. No hay en ellos casi nada aparte de los berrinches de gente que nunca ha estado ni espera estar en el poder. Otra característica es la emoción superficial de gente que vive en un mundo de ideas y tiene poco contacto con la realidad física de las cosas [HM: Orwell vivió como vagabundo en Londres, lavó platos en París, luchó y fue herido en la guerra civil española y fue policía colonial en Birmania, entre otras cosas]. Muchos intelectuales de la Izquierda fueron pacifistas flácidos hasta 1935, luego belicosos histéricos contra Alemania en 1935-9, y convenientemente se callaron cuando la guerra comenzó.

[...]Durante los años críticos de la guerra, los de izquierda estaban erosionando la moral inglesa, tratando de diseminar una visión a veces de pacifismo blando, a veces violentamente pro-ruso, pero siempre anti-inglés.
Orwell fue un hombre de ideas, pero estas surgieron de ser ante todo un hombre de acción. Su autoridad moral viene, como dice George Packer en la introducción al volumen de ensayos Facing Unpleasant Facts, de la fórmula "yo estuve ahí—yo lo vi—yo sé." Este volumen está dedicado a ensayos narrativos, pero Orwell aprovecha para hacer crítica, meramente contando lo que pasa a su alrededor y en su mente. Todos los ensayos de la colección fueron escritos antes de 1984 y solo uno fue posterior a Rebelión en la Granja, y ninguno es ficción (aquí hay puntos extras para quienes nombren sus otras novelas). Aparte de la guerra civil española Orwell cuenta sobre la gente invisible de Marruecos, la ejecución de un prisionero en Birmania, su propia ejecución de un elefante incitado por una chusma, los bombardeos alemanes sobre Londres en la Segunda Guerra Mundial, la pobreza de las clases obreras en el Reino Unido, la miseria de ser internado en un hospital público en París, y el terror de la niñez en la educación privada. Pero no todo en la colección es suciedad e injusticia: también celebra los pequeños placeres naturales de la primavera, una buena chimenea, plantar un árbol, tomar un buen té, y vencer a los fascistas.

En Why I Write, escribe que "...cada línea de trabajo serio que he escrito desde 1936 ha sido escrita, directa o indirectamente, en contra del totalitarianismo y a favor del socialismo democrático." Aunque 1984 y la Rebelión son los relatos que uno más asocia con este sentimiento, el ensayo Such, Such Were The Joys es la historia real de la educación totalitaria en las famosas prep schools, o colegios de preparación, a los que eran enviados los jóvenes de las familias pudientes y algunos afotunados(?) becarios de clase obrera como Orwell, para prepararse para entrar a universidades públicas prestigiosas. Estas escuelas tenían el propósito de asegurar la entrada de sus alumnos a instituciones de educación superior, haciéndolos pasar por una educación clásica que incluía griego, latín, historia y pedagogía cuestionable:
Recuerdo, en más de una ocasión, ser interrumpido en plena recitación de latín, llevado a un cuarto aparte, recibir una golpiza, y luego regresar al aula a seguir con la parte final de la oración, así tal cual. [...] Dudo que una educación en los clásicos haya sido lograda, o pueda lograrse, sin castigo corporal.
Todo lo que no estaba prohibido era obligatorio, y siempre había suficientes reglas con suficientes contradicciones para asegurar que en cualquier momento uno fuera culpable de algo, como si el plan de estudios hubiera sido diseñado por Stalin. Aún así, siempre había estudiantes con ciertos privilegios: aquellos hijos de padres ricos, nobleza o extranjeros. Todos eran iguales, pero algunos eran más iguales que otros, pues. A Orwell le tocó ser de los que 'le debían' al colegio la oportunidad de estar ahí y lo pagó muy caro.

Desde entonces Orwell identificó el espíritu totalitario y lo denunció, constante y consistentemente, hasta su muerte temprana en 1950. Reconoció que las revoluciones son traicionadas por los mismos revolucionarios y que los disidentes son exiliados o fusilados por sus supuestos liberadores. Denunció las atrocidades de los soviéticos y franquistas por igual, y esto le valió enemigos por la izquierda y derecha. Hasta el día de hoy, he oído decir de gente supuestamente inteligente que obviamente Orwell era financiado para desprestigiar a los pobrecitos soviéticos por—¿quién más?—imperialistas occidentales. Invariablemente, estas acusaciones vienen de gente que no ha leído una sola palabra de lo que Orwell escribió, y muchas veces hasta usan sus palabras sin saber de donde vienen ni cómo se originaron (orweliano, gran hermano, guerra fría, doblepensar, policía del pensamiento...).

La potencia de Orwell viene de su capacidad, como indica el título de la colección, de enfrentar verdades incómodas. A veces produce una explicación, otras muestra el camino a seguir para corregir el rumbo, y otras simplemente lamenta que las cosas sean como son, pero nunca les da la espalda. Orwell sabía que no era un genio ni un santo, pero eso no le impidió ver la realidad como es.

domingo, 9 de octubre de 2016

La Tragedia de la Teología

¿Hay tan siquiera una sola cosa que sepamos hoy, que no sabríamos de no ser por la teología? En un sentido trivial, sí: sabemos lo trágico que es derrochar miles de años de intelecto en el estudio sofisticado de la superstición. Para colmo, también hemos aprendido que la superstición incluye en sus mecanismos de defensa la exigencia de respeto, a manera de un bluff, al conocimiento genuino; y hemos aprendido que la defensa del conocimiento comienza con tomarle la palabra a la superstición y enfrentarla, porque realmente no tiene las cartas que amenaza tener en su mano.

El biólogo Jerry Coyne aprendió esto de la manera difícil a partir de la publicación de su libro Why Evolution is True, un compendio ameno y completo de la evidencia que se tiene para la evolución de las especies por selección natural. Pensó que, si tan solo la gente supiera cuál era la evidencia para la teoría, no les quedaría de otra que aceptarla. Para su sorpresa, recibió multiples comentarios acerca de cómo su libro y sus charlas eran muy convincentes, pero la gente no le creía de todos modos. Una y otra vez, la razón que le dieron era que la fe les decía que simplemente no debían creerle a un científico acerca de la evolución o, para efectos prácticos, cualquier cosa que se opusiera a sus credos. Coyne se dio a la tarea de entender de dónde proviene esta actitud, y acabó escribiendo todo un libro acerca de ello, Faith Versus Fact (la broma en su sitio web es que Jerry Coyne pasó tres años estudiando teología para que los demás no tuviéramos que hacerlo).

Existen, pues, cuatro maneras básicas de defender la religión ante la ciencia: 1) señalar que existen científicos prominentes creyentes y declarar que esto implica compatibilidad de las dos áreas; 2) argumentar que la ciencia y religión son áreas de conocimiento distintas e independientes una de la otra; 3) declarar que existen distintos tipos de conocimiento o, al menos, distintas maneras de llegar a él; y 4) atacar a la ciencia misma para desacreditarla.

Como suele suceder, la primera de estas estrategias es la más y usada y la más equivocada, así como la más fácil de refutar. Primero, uno debe señalar que la coexistencia de dos ideas no es lo mismo que su compatibilidad. Que científicos puedan mantener en su cabeza dos ideas contradictorias es evidencia del seccionamiento de la mente humana, no de la armonía entre dichas ideas. Por ejemplo, sabemos que los cigarros son cancerígenos y, también, que hay médicos—inclusive oncólogos—que fuman. Para usar otros ejemplos del mismo Coyne, siguiendo esa lógica sería evidente que el catolicismo es compatible con la pederastia, ya que hay clérigos católicos que son pederastas; la infidelidad es compatible con el matrimonio, ya que hay esposos infieles, y así. El punto que no se debe perder es que, cuando están haciendo ciencia, todos los científicos actúan como ateos. No es como si, en medio de un cálculo, un físico se detuviera a decir "Bien, en este punto ocurre un milagro y este término se hace cero; aquel lo puedo sustituir por un \(-\pi\) gracias a una revelación personal que he tenido, y ya me queda el resultado."


Por cierto, los números de creyentes entre la población general y la científica deberían ser similares, si es que una cosa no le estorba a la otra. Pero el caso es muy distinto: entre la población general de Estados Unidos, el porcentaje que se identifica como ateos es de 4%, mientras que el número de creyentes es de 83% (el resto se identifica como "nada en particular"). Sin embargo, cuando este sondeo se limita a científicos, ahora los ateos son 41% y los creyentes 33%; al incluir solamente a científicos con un posgrado, la cifra es de 62% contra 23%; y en la Academia Nacional de Ciencias, donde se encuentra la élite, la tasa de ateísmo es de 93%, contra solo 7% de creyentes1.

Irónicamente, la idea de que la ciencia y religión tratan con temas distintos proviene de un científico ateo marxista, Stephen Jay Gould (más irónicamente aún, fue sinodal en el examen doctoral de Coyne). Esta visión la denominó Non-Overlapping Magisteria (NOMA, "Magisterios que no se empalman") y básicamente consiste en que la ciencia se encarga del mundo empírico, mientras que la religión se encarga del mundo espiritual y moral. Convenientemente, Gould definió la religión "apropiada" como la religión que no se metía en asuntos empíricos... ¡pero todas lo hacen! Es por esto que inclusive los creyentes rechazan NOMA, al menos subconscientemente: es un hecho empírico que Dios existe o que no; o Mahoma fue su profeta, o no; o Cristo murió por los pecados de la humanidad, o no; o el Sol se detuvo por un día para que Josué completara su batalla contra los amoritas (Josué 10:13), o no; y así sucesivamente. Decir que las religiones no hacen declaraciones empíricas es decir que no hacen declaraciones acerca del mundo real; pero todas las religiones presumen ser ciertas, esto es, corresponder a la realidad. Quienes dicen cosas como "La Biblia no pretende ser un texto de Ciencia" básicamente están diciendo "La Biblia no pretende tratarse de la realidad."

*   *   *
Cuando trabajaba como pastor, comentaba rápidamente sobre el choque entre la visión científica del mundo y la religiosa. Decía que las percepciones de la ciencia no eran una amenaza para la fe porque la ciencia y la religión eran "distintas formas de saber" y no estaban en oposición porque trataban de responder a distintas preguntas. La ciencia se enfocaba en el "cómo" de las cosas y la religión en el "por qué". Estaba completamente equivocado. No hay distintas formas de saber. Está el saber y el no saber, y esas son las únicas dos opciones en este mundo.

—Mike Aus

Quizá la parte más nutritiva del libro (y la que más controversia le ha valido a Coyne, incluso desde el lado ateo) es la correspondiente al conocimiento y cómo se obtiene. Coyne toma la definición del diccionario Oxford, que traducida es algo como "la aprehensión de un hecho o verdad por la mente; percepción clara y certera de los hechos o la verdad; el estado o condición de conocer los hechos o la verdad." (Yo procuro tener siempre en mente la definición platónica de "creencia justificada y cierta", que siento que es más efectiva y económica, a pesar de algunos corto-circuitos a los que es susceptible.) La tesis de Coyne en este aspecto, con la que concuerdo mayormente, es que si se entiende a la ciencia en un sentido amplio como un método lógico-deductivo anclado en la evidencia, entonces prácticamente todo lo que reconoceríamos como conocimiento es, necesariamente, conocimiento científico—hay solamente dos excepciones: las matemáticas, que deducen verdades absolutas independientemente del mundo real (y por lo tanto no son ciencia), y todos los ejemplos triviales de otras disciplinas como el que inicia este ensayo.

Por ejemplo, las artes gráficas no nos pueden decir nada acerca de cómo funciona el mundo, aparte de la relación de éste con las artes gráficas: ¿Cómo sería distinto un retrato de Penélope Cruz pintado por Caravaggio de uno pintado por Hieronymus Bosch? Bueno, pues ponemos a un artista que los pueda imitar y averiguamos. Pero aparte de casos triviales así, el punto es que las artes adornan la realidad (lo que no tiene nada de malo), mas no la descubren, ni mucho menos la explican. Las artes tienen fin y efecto estético, pues, y no epistémico.

Por otro lado, la religión se basa en la fe, que Coyne define como creer sin razón o evidencia; yo agregaría que es creer a pesar de la razón y la evidencia o, como dice el filósofo Peter Boghossian, "hacer de cuenta que sabes cosas que no sabes" (la Biblia está de acuerdo con esto, por cierto). En fin, el problema de los teólogos es que todo su método consiste en hacer de cuenta que saben cosas que no saben, para luego todavía derivar conclusiones erróneas de ellas. Cuando se les señala que la fe, lejos de ser una virtud es un vicio intelectual, los creyentes equivocan el sentido de la palabra, cambiándolo por algo más nebuloso como optimismo o esperanza. Basta sustituir estas palabras en credos religiosos para detectar la trampa que hacen: "Tenemos la esperanza de que Dios existe y, si le entendimos bien, quizá mandó a su hijo a morir por nuestros pecados. Nos gusta pensar que, si seguimos las reglas que posiblemente nos dejó, pudiéramos llegar a la vida eterna."

Y aquí viene el punto crucial y, si fuera a recordar solo una cosa de este artículo, es ésta: los teólogos no saben más que los creyentes de a pie. Los argumentos que usan los teólogos "sofisticados" son los mismos que usan todos, y sus errores también; solamente usan palabras más grandes (a veces en latín, como si eso importara) y redacción más rebuscada. Han estado inventándolo todo sobre la marcha desde hace miles de años y no tienen manera de resolver ningún desacuerdo, porque no están discutiendo acerca de nada en el mundo real. Basta hacer el ejercicio siguiente: busque, amable lector, la opinión de teólogos cristianos sobre, digamos, si Cristo sabía quién era. Es una pregunta sencilla, con respuesta monosilábica, aún si ésta fuera "no sé". Nunca va a encontrar una respuesta clara de un teólogo que no sea negada por otro. Y luego, piense en que todavía ni siquiera le ha preguntado a los teólogos judíos ni musulmanes. Como dice Dan Barker: los teólogos no estudian nada, aparte de lo que han dicho otros teólogos.

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Finalmente, arrinconados con semejante vergüenza, los teólogos se defienden tratando de desacreditar a la ciencia de toda manera posible.  Reclaman que los científicos se están saliendo de su territorio, que la ciencia no es confiable, que también usa la fe y que ocasionalmente ha hecho daño.

La primer acusación es conocida como scientism ("cienticismo"), y tiene más o menos el significado de señalar que la ciencia indebidamente trata de abarcar más de lo que le corresponde. Digo más o menos porque, cuando la ciencia confirma algo que le gusta a los creyentes, éstos no dudan en olvidarse de la demarcación entre ciencia y religión y proclaman victoria a los cuatro vientos. El filósofo Daniel Dennett lo dijo mejor: "Cienticismo es simplemente un término despectivo para la ciencia que no te gusta."

En cuanto a la confiabilidad de la ciencia, el argumento es una versión de lo siguiente: "La ciencia constantemente cambia, ayer nos decían que algo era saludable y ahora que no; ayer nos decían que existía cierta fuerza en la naturaleza y ahora que no; uno no sabe qué esperar con la ciencia." Primero, creo que vale la pena hacer una distinción dentro del conocimiento que nos aporta la ciencia: por un lado, la ciencia arroja datos del mundo; por otro, propone explicaciones de esos datos. Siempre hay que tener clara la distinción entre estas dos categorías. Además, hay datos científicos que son irrevocables: por ejemplo, por más que aprendamos acerca de la química en el futuro, la composición del agua seguirá siendo H2O. A medida que se recaban más datos, las explicaciones se van refinando o reformulando completamente. En una palabra, la ciencia aprende. Eso es bueno.

Básicamente, la ciencia funciona como un juego de Sudoku: tenemos unos cuadros que están dados, y otros en los que estamos tan seguros que podemos escribir los números con pluma, otros tantos más en donde provisionalmente ponemos las respuestas en lápiz, y otros tantos que tenemos que dejar en blanco por ahora. El proceso de llenar estos cuadros y revisar que estén bien es simplemente una forma de aprendizaje y es, por mucho, mejor que hacer de cuenta que sabemos qué números van en dónde y sin siquiera voltear a ver el papel. Para rematar, piense en un fenómeno que alguna vez tuvo una explicación sobrenatural y que ahora tiene otra explicación natural mejor (relámpagos \(\rightarrow\) Zeus \(\rightarrow\) electrostática en las nubes). Ahora, piense en una explicación natural que haya sido suplantada por una explicación sobrenatural mejor... (no se puede, porque no hay ninguna).

Ahora, una vez que se tiene conocimiento, lo que se haga con él depende de quién lo tenga. El poder implica una responsabilidad, y los científicos generalmente son los más conscientes acerca del impacto de sus trabajos. El abuso de estos conocimientos no ha sucedido porque la gente fuera demasiado razonable, ni demasiado exigente con su evidencia, sino al contrario. Parafraseando a Voltaire, para cometer atrocidades primero se debe creer absurdos.  Finalmente, acusar a la ciencia de usar la fe es irrisorio y no le voy a dedicar un párrafo completo.

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Justo después de la dedicatoria del libro, Coyne coloca una cita por parte del legendario Robert Green Ingersoll que usaré a manera de conclusión aquí, pues me parece insuperable (mi traducción):

Ya hemos comparado los beneficios de la teología y la ciencia. Cuando el teólogo gobernaba el mundo, estaba cubierto de chozas y casuchas para muchos, y palacios y catedrales para pocos. Para casi todos los hijos de todos los hombres, leer y escribir eran artes desconocidas. Los pobres vestían trapos y pieles—devoraban migajas, roían huesos. Llegó el alba del día de la Ciencia, y los lujos de siglos pasados son las necesidades de hoy. Hombres en los rangos medios de la vida tienen más conveniencias y elegancias que los príncipes y reyes de tiempos teológicos. Hay más de valor en el cerebro de una persona de hoy—de un mecánico, un químico, un naturalista, o un inventor, que la que había en el cerebro de todo el mundo hace cuatrocientos años.

Estas bendiciones no vinieron de los cielos. Estos beneficios no cayeron de las manos de los clérigos. No se encontraron en catedrales ni escondidos tras un altar—tampoco se buscó por ellos a la luz de velas santas. No fueron descubiertos con los ojos cerrados de la oración, ni llegaron como respuestas a súplicas supersticiosas. Todos son hijos de la libertad, del don de la razón, la observación y la experiencia—y por todos ellos, el hombre está endeudado con el hombre.



1: Ecklund, E.H. & Scheitle, C.P., "Religion Among Academic Scientists: Distinctions, Disciplines, and Demographics." Social Problems, 54:289-307.